domingo, 11 de diciembre de 2022

Objetivo conseguido: DISFRUTAR

 Acabé tan bien en 2021 que decidí apuntarme al Maratón de Valencia de 2022, sin pensármelo, sin saber cuál sería mi situación física, personal, laboral o mental. Es lo que tiene el maratón. Te atrapa, te engancha, sin saberlo.


Ya entonces trabajaba en el programa A Córrer de À Punt, encargado de la retransmisión en directo de la prueba. Y pensé “si tengo que trabajar, vendo el dorsal”. En las primeras reuniones de septiembre, Xavi Blasco me preguntó “Ana, ¿qué quieres hacer?”. Yo lo tuve claro desde el principio: YO QUIERO CORRER.


Lo que no sabía es que a lo que supone encajar un entrenamiento de maratón con un trabajo a tiempo completo, una familia y una mínima vida social, habría que sumarle la presión de dos programas especiales y un programa en directo. Y, como me repetía internamente (y ya al final externamente), “por esto sí que me pagan…” Mi autoexigencia, mis ganas de hacerlo bien y mi pasión por este deporte hicieron que me entregara al máximo al trabajo. Sin olvidar que, en mi poco tiempo libre, estaba preparando un maratón.



La carga mental y física hizo que, a 14 días de la prueba, mis piernas hablaran y decidieran que no querían más presiones, que se bajaban del carro. No hay maratón. Fueron tres días de muchos llantos, de muchas preguntas sin respuesta... Hasta que el fisio, Víctor Vieco, fue sincero: “Has llegado a tu tope de forma, las piernas están al límite. Vas a llegar al Maratón de Valencia, pero hay que parar”. Me tomé al pie de la letra el famoso tapering. Y llegué.


No sin desgaste mental. Todo el mundo te recomienda que desconectes del maratón unas semanas antes (forma parte del tapering) y yo me he pasado 14 horas diarias durante 15 días hablando de maratón. Solo veía lesionados, retirados, gente que no llegaba… Y todo, para mí, eran señales. Pero de todas las señales me quise quedar con la más positiva. Un mensaje que me lancé a mí misma, a la Ana del futuro, en el podcast de Sarita Gil, Corre como una chica, al cual fui invitada. “A la Ana del futuro le digo que esté tranquila, que llega. Y llega bien”. Y llegué. Y llegué bien.



El ritual, el día de la prueba, fue el mismo que el año anterior. Quedada con Sandra; Centro Comercial el Saler; reunión de Tiradalarguers; guardarropa, y al cajón de salida. No se si estaba nerviosa, ansiosa, tenía miedo o, quizá, eran ganas de que pasara todo. La cuestión es que entre abrazos a Sarita Gil y saludos a amigos y conocidos, comenzó a sonar Libre de Nino Bravo. “Ya está, Ana, otra vez aquí, lo has conseguido”, pensé. Y me dejé llevar.



No quise mirar demasiado el reloj. Sabía que, como siempre, las pulsaciones no iban a ser un referente. Además, me lo había repetido por activa y por pasiva: “No buscas tiempo, no tienes objetivo, tú solo quieres disfrutar”. Y así fueron pasando los kilómetros. De piernas iba bien, de estómago también. Y la cabeza… la cabeza siempre va a la suya. Me encantó ir reconociendo a amigos y conocidos durante el recorrido (no os nombro, porque seguro que me dejo a gente). No sabéis lo importante que es recibir esos ánimos. Yo traté de devolverlos todos con una sonrisa. Especialmente a Rafa y Lucia. 



Pasado el medio maratón, era consciente de que lo más duro acababa de empezar. Pero, como siempre, me dividí la carrera. Del 21 al 26, donde volveré a ver a Rafa y a Lucia; del 26 al 29, donde entramos en el centro histórico de Valencia; del 29 al 33, donde está Ángel Sánchez (tenía una costa para él); del 33 al 36, la zona chunga (aunque esta vez tener a Anna Dalmau con la gente de la Escuela del Corredor, fue un chute de energía tremendo); del 36 al 39, solo queda una carrera corta; del 39 al 41, toca disfrutar. Del 41 al 42, aunque es lo único que quiero, intento no llorar, porque me impide respirar. Mucha gente a la que conozco en el recorrido, mucha gente a la quiero, mucha gente a la que no esperaba ver… ¡Joder! ¿Es para sonreír o no? 



Los 30 metros que hice de la mano de Lucía en el kilómetro 41 fueron la guinda a una carrera muy bonita. Toqué la alfombra azul y solo pensé “se acabó, lo has vuelto a hacer, disfruta”. Y disfruté. Como siempre, paré el reloj a dos metros de la línea de meta. Me gusta entrar andando y disfrutar al máximo de ese momento. Allí estaban Vicent Sempere y Joxe Speaker para recordarme quién era y por qué estaba allí. Y entonces me di cuenta yo misma. Y lloré. Y abracé a mis compañeros de trabajo como si fueran mi familia. Al fin y al cabo, los he sentido así durante las últimas semanas. Y seguí llorando y abrazando a cada uno de mis compañeros. Era una forma, también, de darles las gracias por estas últimas semanas.


¿Os podéis creer que no miré el reloj hasta dos horas más tarde? Me daba completamente lo mismo el tiempo que había hecho. Solo me importaba cómo lo había conseguido. De nuevo, y ya van cinco (cuatro oficiales). había conseguido disfrutar de los 42 kilómetros. 



Prometí no apuntarme para la carrera de 2023. Y no será por ganas, pero la carga mental de estas últimas semanas no se la deseo a nadie. Y creedme cuando os digo que yo corro el maratón con la cabeza. Lo tengo comprobado. 


No le quito méritos a mi entrenador, Paco Milán, quien confía más en mí que yo misma y que ha tenido que jugar con mi plan de entrenamiento para encajar las carreras que me tocaba hacer trabajando. Paco, gracias por demostrarme que el éxito en el maratón no depende de los kilómetros que lleves acumulados en las piernas.  


Gracias de nuevo, a mis compañeros de trabajo, a mis amigos de prensa y a la organización de Maratón Valencia. Mola tener un poco de enchufe, sobre todo, por el cariño que recibo. Gracias a voluntarios; a fotógrafos (sobre todo mi Fede y Pedroooo), a conocidos; a gente que me reconoce porque salgo 4 minutos a la semana en la tele y solo por eso me anima; gracias a amigos que he hecho en este deporte y a los de toda la vida; gracias a Víctor Vieco por obrar el milagro; a mi nutricionista Carol Navarrete, porque de nuevo fue todo rodado. Me dejo gente, lo sé. Gracias a ti, si crees que justo me estoy olvidando de ti.


De ti no me olvido, Sandra. Somos capaces de pasar de la risa al llanto en 1 segundo; somos capaces de que se nos olvide hacernos una foto decente… Somos así y así hay que querernos. Te atreviste a estar en la línea de salida, con toda la carga que llevabas. Y solo por eso, te aplaudo. Lo fácil no fue retirarse, lo fácil hubiera sido no presentarse. 


Ya acabo. Gracias a mi familia, sobre todo a Rafa y Lucia. Porque ellos también hacen un maratón. ¡O dos!


Gracias a ti, por llegar hasta aquí. Y a los que estáis esperando a que le nombre… Sí, ahora voy.


JR, com sempre, esta marató va per tu!