viernes, 30 de marzo de 2018

La motivación de #mamirunner

Marzo ha sido un mes de cambios, de nuevas rutinas y nuevos horarios. Mis entrenamientos matutinos han pasado a ser vespertinos. Y claro, a esta #mamirunner con una hija todoterreno también se le van agotando las pilas con el paso de las horas. Total, que iba saliendo a entrenar, iba cumpliendo el plan, pero me faltaba un plus de motivación. A ello se sumaba la exigencia de este entreno, que he sacado adelante más sola que la una. Me ha costado, incluso me atrevería a decir, más que el del maratón. 


Por eso creía que el día de la carrera, el Mundial de Medio Maratón, me vendría arriba. Como me ha sucedido en todas las carreras anteriores. Pero no. La borrasca "Hugo" llegó un día antes de la prueba y ya me puse en lo peor: va a llover, va a hacer mucho viento... Ana, olvídate de tu objetivo. Vas, corres (porque has pagado) y a casa. Que aunque no todos los días se corre un Mundial en tu ciudad, no es la única carrera del mundo. Para más inri, me levanto el día de la prueba con una descomposición de estómago importante. No son nervios (cuando lo son, lo sé). ¿Virus? ¡Lo que me faltaba! Voy recuperándome conforme avanza el día, pero evitaré tomar durante la carrera mis gominolas mágicas (un chute de energía "pal" cuerpo nunca viene mal) por miedo a que mi estómago vuelva a pronunciarse. Ahora sí, me olvido de MMPs. En un par de meses lo volveremos a intentar.

Correré con Rober. Aunque la intención era bajar de 1h45'. Le digo que se olvide. Que iremos a lo que pueda. En la salida nos juntamos con Lorena y el "cuñao" (¡esto ya parece el maratón!). Dicen que van a ir lentitos. Así que en cuanto cruzamos la linea de salida los perdemos de vista. Vamos a 5:10 min/km. Voy cómoda, me encuentro bien. Pronto bajamos a 5 min/km. ¡Ojalá pudiera mantenerme así toda la carrera! El primer tercio se me pasa volando. Nunca mejor dicho. Las rachas de viento impiden correr con soltura. Por no hablar de la lluvia... El segundo tercio se hace más pesado. Largas avenidas, aire en contra, sol de frente... Cuando llegamos a la calle La Paz sonrío. Otra vez por aquí. Me encanta re-correrla. Y miro el reloj. La media baja de 5 min/km. ¿Lo voy a conseguir? Hemos serpenteado mucho para adelantar a corredores, por lo que nos van a salir unos cuantos metros de más. En la calle Colón me acuerdo del día del maratón y de las pocas imágenes que retengo de ese día. Estoy más fresca. Mucho. Demasiado. Vamos a apretar un poquito más. Y llega el kilómetro 20. Y lo veo a él. Y la veo a ella. Y sé que lo he conseguido diga lo que diga el reloj cuando lo pare. ¿No querías motivación, Ana? Pues ahí la tienes. Rafa sabe que estoy cerca de conseguirlo y me anima de cara a los últimos metros. Lucia busca entre la multutitud a su "babi"...


Bajamos por la zona adoquinada de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y ya en la alfombra azul Rober y yo nos miramos. Vamos a por ello. De la mano. Como en el maratón. Y cruzamos la línea de meta en 1:45:27. No me lo creo. He corrido el medio maratón a 4:57 min/km. Y, aunque no oficialmente, he bajado de 1h45' en la distancia (efectivamente, corrimos 200 metros de más). ¿Y sabéis lo mejor? Que me he quedado con ganas de más.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Restaurante Polideportivo Picassent

Dentro del recinto deportivo del Polideportivo de Picassent se encuentro el Restaurante Polideportivo de Picassent. Un local en el que igual te puedes tomar un café, almorzar un buen bocadillo, tomar el aperitivo o una cerveza o probar uno de los mejores arroces con bogavante de la zona.

Aunque, esta vez, en lugar de comer el típico arroz, pedimos paella valenciana.

El local es bastante grande y a partir de las 14:30 horas, con todas las mesas ocupadas, el servicio se relantiza. Sabiéndolo, fuimos pronto (13:30 horas) y nos atendieron muy bien. Solo se demoraron un poco en el servicio de los postres y cafés, porque ya estábamos en hora punta.

Comenzamos con un aperitivo, cortesía de la casa: ensaladilla de salmón con sésamo. Muy bueno.


Para picar pedimos tellinas y pulpo a la brasa. Las tellinas no tenían demasiada arena. Con el picadillo que las acompañaba estaban buenísimas.


El pulpo a la brasa estaba exquisito. En su punto, tanto de textura como de sabor. 


En cuanto a la paella valenciana, de las mejores que he probado. No había ni un dedo de arroz y estaba en su punto. 


Quizá lo más flojo de toda la comida fueron los postres. Tanto el brownie como la tarta de queso con arándanos estaban demasiado fríos, como si salieran de la nevera o el congelador. Aun así, estaban buenos de sabor. 



En definitiva, un buen restaurante para comer en familia, para comidas con amigos (para la temporada navideña hay que reservar con meses de antelación) o para degustar un buen arroz típico valenciano.